Ghost Beast nace de un encierro de 9 meses, que inspira y da lugar a un grupo de canciones que acaban conformando un disco (Winter’s Horn, 2018) y casi a la vez, una banda.

Electrónica y art-pop, siempre en sus versiones más solemnes, profundas y menos festivas; sintetizadores que ganan en protagonismo a las guitarras, que no están olvidadas; ritmos programados que se entrelazan con baterías de sonido contemporáneo y totalmente alejado de la radiofórmula ; canciones  amplias y con espacio, minimalistas en muchos casos, evocadoras y envolventes, en todo momento huyendo de lugares comunes, del costumbrismo y de los artilugios efectistas.

El directo muta hacia una  propuesta musical amplia, orgánica y espontánea: Sonidos espaciales dan paso por momentos a pasajes acústicos y éstos a su vez a improvisaciones libres cercanas al jazz…